martes, 15 de agosto de 2023

La biblioteca

 Jubilado, lejos de las clases, primero le dio por organizar su biblioteca...y días estuvo rellenando y vaciando cajas. Las llenaba desde los sitios mas inverosímiles: trasteros, garajes...pisos de amigos, desvanes olvidados, cualquier sitio donde le hubieran echo un "hueco" para depositar volúmenes y facsímiles de bolsillo, sin más valor que su peso en papel, pero eran los "suyos": subrayados, pintados, sucios, polvorientos... 

Organizó la biblioteca en "la casa del pueblo", la que habían construido sus padres jubilados en las cuadras de sus abuelos, que después la partición de los cuatro legajos de herencia llevó a toda la familia a olvidarse de que habían tenido una infancia feliz. La espléndida como la llamaba su madre, era una suerte de ventanas y balcones que hubiera suspendido a cualquier postulante a arquitecto. Su padre fue alternando su construcción con recomendaciones de amigos y vecinos que hicieron desistir y desquiciarse a varias cuadrillas de albañiles de la comarca. La cuadra se convirtió en cochera, que también trastero, y el piso de arriba en un laberinto de habitaciones que era difícil encontrarse. 

Don Odiseo en un afán de modernidad, y siguiendo los cánones de la nueva arquitectura tiró todo lo que se podía tirar, incluso más allá de lo razonable y de lo que la física permitía. Reprodujo la cochera en el primer piso, con un rincón donde colocó la cocina más barata de un almacén sueco, un aseo con ducha que era todo lo que su limitada higiene necesitaba y un camastro que parecía el diván de un psiquiatra, que hacía las veces de confesionario. Entre ventanas y balcones singulares, cada cual a su forma y tamaño, fue montando todas los desechos de librerías que conocidos y extraños le fueron proporcionando, con alguna visita al contenedor de su barrio capitalino donde encontró ejemplares muy ilustres. 

Colocó, y volvió a almacenar, incluso buscó un sentido racional al caos que surgiendo, como una hidra marina que devoraba toda posibilidad de organización. Al final decidió "que el ya sabía" dónde estaba cada libro"...aunque le costara enfados y angustias encontrar cada volumen.

Aquella estancia grande, desangelada, llena de vericuetos se convirtió en su habitación, cocina, salón...todo lo que alguien de su "cultura" necesitaba para disfrutar de los días y las noches. 

jueves, 3 de agosto de 2023

El personaje...Don Odiseo

En un lugar de la Alcarria... Perdón...perdón... 

D. Odiseo era un sesentón echado a menos, que había pasado sus años en aulas cada vez más alborotadas y en las que la burocracia iba mancillando todos sus sueños. Tanto papel y tanto alumno maleducado fue arruinando su vocación. 

Al final sus jornadas pasaban de pedir silencio a rellenar formularios para que los que no callaban en clase, ni hacían ni dejaban hacer, hicieran algo fuera de clase...de todo imposible..., pero D. Odiseo había aprendido que la administración siempre es soñadora. 


Grecia más que un destino.

Si algo hay extraño en nuestro personaje es que es, está y vive en una tierra que no es la suya...siempre aspiró y soñó con otro tiempo, otros hombres y otros olores...un alcarreño de pro enamorado de su tierra pero que pertenece a otra, donde los sueños le llevan, donde su imaginación alterna...Grecia.

D. Odiseo es amigo de viajes sencillos, fuera de todo bullicio y moda, le gustaba recorrer parajes olvidados, silenciosos, abandonados de las carreteras más transitadas


La bici un compañero inseparable.

Pocas cosas hay en la vida de Odiseo que hayan permanecido en el tiempo....entre ellas la bicicleta. Tuvo años buenos y otros mejores...pero su vida siempre ha ido sobre dos ruedas....

De joven fue, como en toda su trayectoria, un mediocre ciclista. No resultó ganador en ninguna carrera, ni etapa, ni en ningún tipo de evento infanto-juvenil. Pero le gustaba la bicicleta. De niño era su excusa para irse fuera de casa, por los caminos agrícolas de su pueblo, recorriendo los estrechos valles de la alcarria. Sabía dónde había moras o las mejores cerezas de los páramos de la Alcarria, especialmente aquellas a las que había que llegar entre un vericueto de pistas y sendas, escondidas entre las encinas. 

También la utilizó para ir de monaguillo a otros pueblos. D. Odiseo tuvo un pasado muy beato, y en su fe de niño llegó a creer en vírgenes y santos. Acudía a procesiones y consagraciones con máxima reverencia y hacía alarde de una fe, de las que mueve montañas, aunque al final lo que realmente hizo fue fortalecer sus piernas. 

Un viernes santo de cuando despuntaba la adolescencia recorrió siete pueblos de la zona para "visitar el monumento", un altar en las iglesias donde se adornaba la santa custodia, en recuerdo a la oración del nazareno en el monte de los olivos. La gesta fue sonada por los gritos de su madre que le vio llegar a casa de madrugada, de noche cerrada, y sin luz en la bicicleta, parece que la luna llena le sirvió para recorrer aquellos olivares y barbechos que esperaban la primavera. Aunque Don Olegario el cura vio en aquella gesta la prueba definitiva para recomendarle ir al seminario. Alguna gesta si que le fue reconocida. 

De joven, la utilizaba para ir a las fiestas de otros pueblos a correr y apedrear becerros, también a lanzar la caña de pescar


La biblioteca

 Jubilado, lejos de las clases, primero le dio por organizar su biblioteca...y días estuvo rellenando y vaciando cajas. Las llenaba desde lo...