Jubilado, lejos de las clases, primero le dio por organizar su biblioteca...y días estuvo rellenando y vaciando cajas. Las llenaba desde los sitios mas inverosímiles: trasteros, garajes...pisos de amigos, desvanes olvidados, cualquier sitio donde le hubieran echo un "hueco" para depositar volúmenes y facsímiles de bolsillo, sin más valor que su peso en papel, pero eran los "suyos": subrayados, pintados, sucios, polvorientos...
Organizó la biblioteca en "la casa del pueblo", la que habían construido sus padres jubilados en las cuadras de sus abuelos, que después la partición de los cuatro legajos de herencia llevó a toda la familia a olvidarse de que habían tenido una infancia feliz. La espléndida como la llamaba su madre, era una suerte de ventanas y balcones que hubiera suspendido a cualquier postulante a arquitecto. Su padre fue alternando su construcción con recomendaciones de amigos y vecinos que hicieron desistir y desquiciarse a varias cuadrillas de albañiles de la comarca. La cuadra se convirtió en cochera, que también trastero, y el piso de arriba en un laberinto de habitaciones que era difícil encontrarse.
Don Odiseo en un afán de modernidad, y siguiendo los cánones de la nueva arquitectura tiró todo lo que se podía tirar, incluso más allá de lo razonable y de lo que la física permitía. Reprodujo la cochera en el primer piso, con un rincón donde colocó la cocina más barata de un almacén sueco, un aseo con ducha que era todo lo que su limitada higiene necesitaba y un camastro que parecía el diván de un psiquiatra, que hacía las veces de confesionario. Entre ventanas y balcones singulares, cada cual a su forma y tamaño, fue montando todas los desechos de librerías que conocidos y extraños le fueron proporcionando, con alguna visita al contenedor de su barrio capitalino donde encontró ejemplares muy ilustres.
Colocó, y volvió a almacenar, incluso buscó un sentido racional al caos que surgiendo, como una hidra marina que devoraba toda posibilidad de organización. Al final decidió "que el ya sabía" dónde estaba cada libro"...aunque le costara enfados y angustias encontrar cada volumen.
Aquella estancia grande, desangelada, llena de vericuetos se convirtió en su habitación, cocina, salón...todo lo que alguien de su "cultura" necesitaba para disfrutar de los días y las noches.